Salimos la noche del sábado al domingo, muy animados. Esta vez somos tres, el equipo al completo.
El recorrido comienza con la corta pero exigente subida a Irimo, primera cota puntuable de la jornada.
Tras dejar atrás la conocida cruz, visitamos la réplica en miniatura de ésta, que hace de buzón: Irimo (898 m).
Camino de Elosua, saludamos a otros noctámbulos que, como nosotros, no parecen tener demasiado sueño…
Un traguillo en la fuente de Elosua,
y a por la cima de Irukurutzeta, que también nos exigirá algo de esfuerzo. Hace una noche estupenda para caminar/correr, de momento aguanta sin llover y la temperatura es muy buena.
Irukurutzeta (899 m). Hacemos una pequeña parada técnica para reponer fuerzas,
antes de acometer el peligrosillo descenso que nos llevará a la cruz de Zargoate, la tercera de las 7 cruces que encadena la famosa marcha “7 kurutze” que organiza bianualmente el Anaitasuna MB de Azkoitia (Erlo-Aittola-Zargoate-Irukurutzeta-Irimo-Izazpi-Oleta).
Entre la pila de la frontal que se está acabando y el barro que abunda en todo el recorrido… pues eso, que doy buena cuenta de lo peligrosillo que está el terreno…
A ritmo ligero, llegamos al puerto de cuyo nombre no quiero acordarme…
Poco a poco, se empiezan a cumplir las previsiones metereológicas que anunciaban lluvias para la noche del sábado y la mañana del domingo, y lo que en un principio era una especie de niebla húmeda se convierte en lluvia de más intensidad. Llegamos al refugio de Xoxote,
y prácticamente sin parar enfilamos el empedrado descenso a Azpeitia por el clásico camino de Azketa y Nahargun, procurando no dar con nuestros huesos en el suelo…
Una vez en los arcos del ayuntamiento de Azpeitia, comenzamos a vaciar nuestras existencias de pasta ante la atónita mirada de algún despistado que se retira a casa tras la típica juerguilla del sábado noche.
Y nada, a seguir peleando contra las adversidades. Al buen tiempo, buena cara!
Dejamos atrás la cima de Arauntza, pasamos sin parar bajo la lluvia por Etumeta y Komisolatza y enfilamos la empinada rampa de Indo, ya de día. Parece que poco a poco el tiempo tiende a mejorar…
Antes de tomar el desvío que nos llevará a Mendibeltza y Gazume, dejamos el camino libre para que pase este numeroso rebaño.
Nueva pequeña rampa, superar la loma de Mendibeltza y llegamos a Gazume (997 m).
Teníamos ganas de llegar a algún lugar cubierto para hacer otra paradita en condiciones. Las txabolas de Zelatun cumplen con ese requisito. No paramos demasiado tiempo ya que estamos bastante mojados y nos quedamos fríos al instante.
Otra pequeña serie y llegamos a una de las cimas más visitadas de Gipuzkoa: Ernio (1072 m). De momento vamos bastante bien en cuanto a tiempo y muy bien en cuanto a fuerza, si bien el caminar con los pies mojados desde prácticamente el inicio de la aventura podría comenzar a hacer mella psicológica en cualquier momento…
Coronamos Ubeltz y llegamos a buen ritmo a la cima de Erniozabal (1026 m).
Foto de cima,
y nos lanzamos a trote en busca del collado de Lizarbakarra, uno de los lugares, en mi opinión, más espectaculares del recorrido.
El cielo está todavía encapotado, pero por lo menos ha parado de llover y se ve que el tiempo tiene tendencia a mejorar.
Alguno de los cercados que nos vemos obligados a superar tras habernos despistado del camino correcto.
Alehop!
Camino de Tolosa, me cuesta seguir el ritmo de estas dos máquinas que, cómo no, me hacen correr…
Aunque cuando el terreno pica para arriba, procuro poner las cosas en su sitio, je, je…
Vamos perdiendo altura y se intuye el fondo del valle, a donde nos dirigimos sin descanso.
Un pequeño tramo de asfalto,
y ya podemos oler Tolosa,
que está a tiro de piedra.
Sólo queda perder altura de manera rápida siguiendo un antíguo camino,
para llegar al centro de Tolosa, que en estos momentos está patas arriba a causa de numerosas obras.
El avituallamiento que decidimos hacer en Tolosa es especial, ya que lo hacemos dentro de una famosa pastelería de esta villa que en su día fue nada más y nada menos capital de Gipuzkoa!
Famoso atleta que está comprando pasteles justo cuando entramos nosotros.
Pero nosotros a lo nuestro, a calentar el cuerpo! En una travesía de este calibre, no podía faltar la poción milagrosa.
Cada vez que veo esta foto me pongo malo!!!
Con mejor cuerpo que unos minutos antes, cruzamos Tolosa en dirección al polígono de Usabal,
y comenzamos de nuevo a ganar altura,
por encima de una alfombra de castañas.
El tramo que va de Tolosa a Amezketa nos dio algún problema que otro cuando hicimos el anterior intento, hasta el punto de forzarnos a abandonar, pero esta vez no hay miedo, ya que la semana pasada hice este tramo de manera aislada, expresamente, para evitar sorpresas.
Así pues, llegamos a las inmediaciones de Altzo,
para bordear seguidamente Otsabio,
en busca del famoso senderillo que discurre por encima de la cantera, en dirección a Jazkue.
La verdad es que el camino es muy bonito,
y disfrutamos mucho recorriendo este solitario lugar.
En vez de bajar a la carretera de Bedaio, esta vez bajaremos al barrio de Ugarte, por lo que seguimos el cordal durante algún tiempo sin abandonarlo.
Asusta pensar que nos espera la exigente subida a Txindoki tras bajar a Amezketa… Lo mejor es intentar no pensar en ello demasiado.
Por mucho conocer los montes de la zona y los antíguos caminos que unen unos valles con otros, uno no deja de nunca de sorprenderse con los rincones desconocidos que va encontrando en cada momento.
Tras un rápido descenso, llegamos al barrio de Ugarte, cerca de Amezketa,
donde por lo que se ve a los niños se les enseñan desde pequeños todos los trucos de la mecánica de coches…
Amezketa está cerca, sólo hay que superar una pequeña loma,
pasar por al lado de varios caseríos, en los que hay que andar al loro con los perros,
y bajar al casco urbano, mirando de reojo, con temor, lo que nos viene encima…
Hace mes y medio nos retiramos en este punto, pero hoy la intención es seguir, ya que vamos relativamente bien de tiempo y de fuerza.
Así que, a ritmo no muy alto pero constante, llegamos a Larraitz,
donde hacemos una breve paradita para picar algo y dar el parte de la situación.
Ha acortado el día bastante, por lo que nos mentalizamos de que lo más probable es que lleguemos de noche a Txindoki. El tramo que va de Txindoki a Lizarrusti, lo tendremos que hacer a oscuras, eso por descontado.
Pero quién piensa ahora en eso, lo importante es ganar metros a la montaña a ritmo constante,
y no venirse abajo, sino disfrutar de lo que nos rodea.
Traguillo de rigor en Oria iturri,
y atacamos la subida directa a Txindoki por el rayo, dejando de lado el camino normal que gana altura por la derecha.
Es lo que tiene venir al monte con dos figuras como éstos, uno está obligado a dar lo mejor de sí para, mínimamente, intentar seguir su ritmo.
El camino está bastante resbaladizo y cuesta arañar desnivel a la montaña,
pero como todo en esta vida tiene comienzo y final,
llegamos con las últimas luces del día a la cima de Txindoki (1346 m). La verdad es que las sensaciones son realmente indescriptibles.
Pero esto no ha acabado todavía, ni mucho menos. La línea de meta de esta primera etapa está en Lizarrusti, y hay que llegar ahí como sea,
cruzando Aralar con la inestimable ayuda del GPS, ya que de otra manera, de noche, sería prácticamente imposible. Menos mal que no hay niebla y podemos identificar más o menos bajo la luz de la luna las lomas que vamos superando.
Un traguillo por aquí, un traguillo por allá,
y nos plantamos en la venteada cima de Ganbo (1412 m),
la cima más alta del Aralar guipuzcoano.
A salto de mata, llegamos al collado de Irazusta y superamos la corta pero durísima rampa de Uarrain (1321 m).
A partir de aquí, comienza un vertiginoso descenso hasta el paso de Baiarrate, siguiendo, cómo no, la traza que marca el GPS.
Una vez en la pista de Lareo, respiramos aliviados, ya que lo que queda de aquí a Lizarrusti es un tramo sin ninguna complicación, y con camino bueno,
pena que no nos podamos bañar, yo venía desde Ganbo pensando en el chapuzón que nos íbamos a dar en Lareo…
Pero no pasa nada, nos ducharemos en el renovado y confortable albergue de Lizarrusti y listo. Foto de meta de la primera etapa, después de más de 95 km de marcha y un porrón de horas más tarde de salir de casa.
En realidad el albergue está cerrado los domingos por la noche, pero el guarda ha hecho una excepción con nosotros. Nos sirve una cena estupenda que devoramos en pocos minutos, y al día siguiente un copioso desayuno que nos serviría para comenzar la segunda etapa con fuerza. En resumen, un trato de lujo. Desde aquí un saludo y nuestro agradecimiento al guarda que nos atendió, no sé si leerá el reportaje. Recomendable 100% el nuevo albergue de Lizarrusti.
Dormimos unas horas que, como no podía ser de otra manera, nos saben a bastante poco, desayunamos y nos ponemos de nuevo en marcha. Nada más salir de Lizarrusti, tenemos que ganar altura, por lo que no tardamos en volver a calentar el cuerpo. La verdad es que pesa la kilometrada que nos metimos ayer, pero poder contemplar un amanecer como éste, con la cima de Beriain al fondo, compensa todo el esfuerzo,
no hay más que ver su cara de felicidad,
felicidad que aumenta cuando encontramos por casualidad estos ejemplares de Trompeta de la Muerte, una seta muy apreciada, aunque su nombre pueda inducir a pensar lo contrario.
Al contrario que ayer, hoy hace un día radiante. En un claro del bosque, podemos divisar, todavía lejos, el macizo de Aizkorri, a donde nos dirigimos.
El itinerario es un contínuo sube y baja, si bien algunas subidas, como la que desemboca en la cima de Intsusburu (943 m), son más largas que otras.
Es una pena pero bastantes zonas del tramo Lizarrusti-Etxegarate están completamente erosionadas gracias a la impagable labor de motos, quads y demás vehículos que lamentablemente campan a sus anchas por nuestras montañas.
La zona, de por sí, es increíble, sobre todo en esta época del año.
Y más con el día que hace.
Siguiendo el marcaje del GR-121 y mirando de reojo de vez en cuando el GPS, nos vamos acercando a Etxegarate,
cuando de repente, nos encontramos (o mejor dicho, se encuentra él) con esta preciosidad de onddos, que no duda en guardar con cuidado en la mochila.
Seguimos a ritmo ligero perdiendo altura, estimulados por el ruido de los camiones, que delatan la cercanía del transitado puerto de Etxegarate.
Al fondo, lo que nos espera a continuación, la sierra de Aizkorri.
Antes, sin embargo, hacemos una parada en Etxegarate, que algunos aprovechamos para comer algo,
mientras otro se dedica a limpiar su preciado botín,
para guardarlo en la parte alta de la mochila. Esto es otra cosa.
Cruzar la autovía y para arriba, en busca del puerto de Otzaurte.
Llegamos al cruce de Bidarte, donde nuestra ruta se une por un momento al recorrido del maratón Zegama-Aizkorri.
El transitar por el recorrido del maratón nos motiva y acabamos trotando camino de Otzaurte…
Vamos allá, que Aizkorri está cerca!
Dejamos atrás el puerto de Otzaurte,
y esquivando los disparos de los cazadores que pueblan la zona en estas fechas, dejamos la pista en Beunde y nos dirigimos hacia la cima de Añabaso.
El cazador, cazado!
Aprovechamos todas las fuentes del camino, hoy hace algo más de calor que ayer y hay que mantenerse hidratado.
Ya estamos en el refugio de San Adrian, la cosa se pondrá seria en cuestión de minutos…
El transitado camino que lleva al mítico paso de San Adrian,
y el propio túnel, un lugar muy especial que siempre gusta atravesar.
Unos metros por la calzada,
y comienza el espectáculo! Sálvese quien pueda…
Los hermanos empiezan fuerte,
y pronto llegamos al lugar donde el bosque da paso a las últimas rampas,
un lugar por el que hemos pasado tantas y tantas veces,
como por ejemplo en febrero de este año, en medio de una intensa nevada que nos obligó a darnos la vuelta al llegarnos la nieve casi hasta el cuello…
Hoy, como aquel frío día de invierno, también estamos sólos aquí, pero no hay nieve, y llegaremos arriba,
disfrutando de cada metro de esta montaña sin igual.
Aizkorri (1531 m). Es curioso, pero no había visitado Aizkorri desde mayo, concretamente desde el día del maratón de Zegama. En fin, tanto Pirineo y tanto 3000…
Unos macarroncillos, para variar.
Vista de la ermita de Santo Cristo y del refugio de Aizkorri.
Ayer estuvimos por esa zona, qué lejos ha quedado…
Típica vista del cresterío desde Aizkorri.
Ya que hemos llegado hasta aquí, habrá que sacar una foto de grupo en condiciones, no?
Pues sí, ahí está la foto.
Y nada, seguimos con la marcha. El objetivo es el paso de Andraitz, desde donde bajaremos al valle.
Perdemos altura con rapidez,
pasando al lado del característico árbol, camino de Arbelar.
Vista de Urbia, espectacular como siempre.
Cerca de la majada de Arbelar, seguimos un camino marcado a media ladera, bordeando Arbelaitz,
para ganar de nuevo algo de altura.
Vista de Arbelaitz, no lo subiremos hoy.
Llegamos con rapidez al característico paso de Andraitz,
y una vez atravesado identificamos la continuación del recorrido. Desde luego, éste es lugar adecuado para ello, ya que se domina toda la provincia desde esta atalaya.
Bajada rápida hacia Oazurtza.
Y éste que sigue con su afición de sacar macros,
en este caso los fotografiados son estos peligrosos ejemplares de Amanita Phalloides.
Cartel que nos confirma que hemos llegado a Oazurtza, por si quedaba alguna duda.
Nos unimos al GR-34 (Donostia-Arantzazu) y no lo soltaremos hasta Zerain. Pasamos por el collado que separa las cimas de Arranoaitz y Elortxuri,
saludando de nuevo a un viejo conocido,
y seguimos a buen ritmo en busca del casco urbano de Zerain,
al que llegamos tras varios kilometros de marcha.
No sólo hay que comer durante la marcha, también hay que dar de comer al hambriento, así lo dice la Biblia.
En Zerain toca otra paradita técnica,
pero esta vez no apetecen macarrones,
mejor algo de embutido,
un buen bocata de lomo, por ejemplo.
Con el estómago lleno, el camino hasta Mutiloa se nos hará más llevadero,
y el pensar que nos quedan pocas horas de luz, también…
Vista de Mutiloa, camino de Lierni.
Al principio seguimos la carretera, pero a medio camino topamos unas marcas de PR que atraviesan un prado, por lo que atajamos un poco la subida.
Ermita de Lierni.
Me parece que es hora de sacar el frontal…
La continuación discurre por Españolamendi, tenemos algún que otro problemilla para encontrar el camino correcto, pero al final llegamos a Beasain,
Las pilas del GPS están a punto de agotarse, por lo que aprovechamos la llegada a Beasain para aprovisionarnos.
Nos quedan los últimos 20 kms de esta aventura sin igual, y una vez llegados a este punto, por muy cansados que estemos, o por muy tarde que sea, tenemos que completar el recorrido. Si nos retiráramos en este punto (verdaderamente tentadora la estación de Renfe, todo hay que decirlo), no nos lo perdonaríamos nunca.
Así que, una tarrina de arroz,
y leña, que hay que subir a las inmediaciones de Usurbe!
Llegados a las cercanías de la fuente de Arrapaitz, podemos colgar definitivamente el GPS en la mochila, ya que no nos hará falta más. El tramo que va desde este punto a casa, podríamos hacerlo con los ojos cerrados.
Pasar Mandubia, un traguillo en la fuente de Atxurtza,
y a por la última cota puntuable de la travesía.
La verdad es que está desconocida esta subida, con los numerosos cercados que han colocado recientemente.
Izazpi (970 m). Ahora sí que podemos decir que esto se ha acabado,
ya que sólo queda bajar al pueblo pasando por la ermita de la Antigua,
y hacernos la foto final en el mismo punto donde dos días antes empezamos la andadura.
Pues sí, han llegado sanos y salvos, espero que me invitéis cuando hagáis el revuelto.
Perfil del recorrido:
Ahora toca almacenar de nuevo una buena dosis de motivación antes de enfrentarnos de nuevo a un reto de esta envergadura… Y la pregunta es: la próxima vez, en julio del año que viene, cuando se celebre la prueba? Ya veremos… Primero hay que curar las heridas de guerra y recuperarse de la paliza, je, je.
Esto ha sido todo, espero que os haya gustado el reportaje.
Azkarate
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