. Las
cosas que nos suceden en el monte... Tenía la
intención de titular este reportaje 'por el centro
de Gipuzkoa', pero las circunstancias me obligan a
cambiarlo. Esta nublada y venteada mañana nos
hemos acercado a la zona de Matxinbenta, entre
Beasain y Azpeitia, para ascender el Txarabeltz
(692m), también conocido como Atxabal. La cumbre
no presenta casi ningún interés: tiene una altitud
modesta y está bien defendida por la argoma, las
zarzas y el lapiaz, en su parte más alta. Se nota
que es una cima en desuso y, pese a que está
dentro del catálogo de centenarios guipuzcoanos,
poco a poco va quedando en el olvido. Como veréis más adelante, la anécdota de la mañana se ha producido con una oveja a la que hemos ayudado a parir. Recordaremos el Txarabeltz por ello
.
Acceso:
Iniciaremos la marcha desde el barrio de Matxinbenta, donde se unen los límites de Beasain, Ezkio-Itsaso y Azpeitia. Para llegar a él, desde Beasain deberemos coger la carretera que lleva a Azpeitia por el alto de Mandubia. Tras coronarlo, iniciamos el descenso a la villa del Urola y cuando comenzamos a llanear se llega a Matxinbenta. Aparcamos y comenzamos.
Vamos a retroceder sobre nuestros pasos y recorremos cuatrocientos metros hacia el alto. Dejamos, pues, atrás Matxinbenta. La salida natural de esta gente, salvo para papeleos obligatorios, es hacia Azpeitia, que lo tienen a un cuarto de hora.
En este punto nos metemos a la izquierda por una pista de hormigón que lleva al caserío Endrio, que lo tenemos al lado.
Dejamos a nuestra izquierda el caserío y, tras charlar con su dueño, seguimos para arriba.
Damos una curva a la derecha y el hormigón desaparece para convertirse en hierba. Ahí adelante nos va a venir la sorpresa de la mañana...
De repente, vemos a una oveja tendida en el suelo. Amaga con levantarse, cuando siente nuestra presencia, pero es incapaz
.
Claro, está a punto de parir. Mi padre le ayuda. Vaya momento
.
Madre e hija.
Abandonamos la cuadrilla.
Éste es el punto clave de la mañana. A la tercera curva de herradura desde que el hormigón se convierte en hierba, toca desviarse a la derecha por un camino menos evidente. Está señalizado con un mojón y subirá hasta el caserío Endriokorta, avanzando no muy lejos del riachuelo que tenemos a nuestra derecha. Nosotros teníamos otra información y hemos seguido por el otro lado. Hemos llegado a la cima como hemos podido tras mucho zarzing y argoming...
El camino bueno es más llevadero, aunque poca vida le queda porque las malas hierbas se lo están comiendo. Miradita atrás para divisar el Izazpe.
El riachuelo Atxabal, a nuestra derecha.
Todas estas fotos, pues, están sacadas a la bajada.
En ocasiones, parece que el sendero nos va a dejar tirados. Pero no ha sido así
.
Pista de barro y ya vemos el caserío Endriokorta en el collado.
Debemos coger la pista de la izquierda. Le vamos a coger la espalda al Txarabeltz para acceder a él por su vertiente más asequible.
Nos fijamos en los desperdigados caseríos de Beizama, auténtico corazón de Gipuzkoa. No estamos muy lejos del centro geográfico de nuestro territorio.
Esta pista subimos.
Vemos el pantano de Ibai-eder, que surte al valle del Urola.
Ahora alargando la panorámica hacia Urraki y Ernio.
La pista del pinar termina y a partir de ahí toca buscarse la vida
buscando los pasos más sencillos entre el lapiaz
que ya empieza a asomar. Como siempre en estos
terrenos, paciencia
.
Sin más referencias que ir buscando los pasos fáciles para seguir ascendiendo llegamos, de repente, a la cruz. Pone Atxabal, que es como parece que debiera llamarse la cima. Txarabeltz debe de ser un topónimo procedente de las laderas del Izazpe.
Con el vértice geodésico y el buzón. Hemos tardado una hora y media desde Matxinbenta.
Al sur, preside el Murumendi.
Nos fijamos en el cordal de la ermita de Kizkitza, que avanza hasta el Izazpe. Al fondo, Aloña tapado.
Una pano hacia el noroeste.
Desandamos lo recorrido y, para nuestro asombro, vemos que el cordero está solo en las campas de antes. Lo cogemos.
Y lo dejamos en las campas del caserío Endrio, donde está el resto del ganado. Daba pena ver cómo se había quedado atrapado en un agujero.
Abandonamos el caserío Endrio.
Y salimos a la carretera para llegar enseguida al coche. La bajada la hemos completado en una hora y quince minutos. Pincho en la benta de Matxinbenta
y a
casita. Nos acordaremos de esta excursión. No
todos los días se ven cosas así...

