Cualquiera que lea o escuche este nombre: “La cascada del río Buanga”, pensará que hemos estado en algún recóndito e inhóspito paraje de África, de esos que se ven en los documentales de la 2, o en algún país tropical de exóticas y enigmáticas selvas. Nada más lejos de la realidad, pues este es un bonito lugar que tenemos muy cerca, a dos pasos de Oviedo y dentro de su término municipal, limitando casi con el de Santo Adriano.
En una bonita y despejada mañana de invierno (por llamarla de alguna manera, pues más bien parece que estemos ya en la primavera), Nacho ha tenido a bien enseñarme esta pequeña y cercana maravilla natural.
0.- Mapa del trazado del itinerario de la ruta (I.G.N.)
1.- Tras pasar por Trubia nos acercamos hasta la pequeña localidad de San Andrés, por la carretera AS-228, en donde a la entrada de la carretera local que lleva hasta Castañéu del Monte estacionamos el coche, junto a una fuente con antiguo lavadero, y a la vera del río Trubia ; junto al puente queda situada la parada del bus urbano.
1.- Antigua fuente y lavadero en San Andrés, lugar de inicio de la ruta.
2.- Por la misma carretera que lleva hacia Castañéu del Monte iniciamos la caminata, y a unos escasos 100 metros debemos tomar un sendero que sale hacia la derecha. El inicio de este sendero está flanqueado a la derecha por una vieja casa que en la actualidad están arreglando, y a la izquierda por una finca con casa cuyo acceso tiene una portilla metálica y un azulejo grabado con el nombre de “La Guardia”, según creo recordar.
Arremetemos monte arriba por este estrecho sendero, flanqueado a ambos lados por cierre de piedra y vegetación de “sebe”.
3.- La corta pero empinada subida por este sendero, que sirve para que acabemos de despertarnos por completo y para que se ponga en funcionamiento el cuerpo con rapidez, nos lleva directamente sin pérdidas ni desvíos hasta una primera collada donde hay un cruce de caminos. Hacia la derecha se bifurca en bajada una “caleya”, con un trazado más ancho que el sendero por el que acabamos de subir, y que será por donde bajaremos luego hasta San Andrés en el trayecto final del camino de vuelta.
Tomamos el sendero que prosigue en ligera subida hacia la izquierda, y que en muy poca distancia nos sitúa en otra pequeña collada, en donde hay varias casetas cuya finalidad me imagino que será servir de refugio y guardar los pequeños rebaños de cabras existentes por la zona. Estamos ya plenamente inmersos en un bosque de castaños, al que el invierno ha proporcionado a sus árboles y ramas una desnudez que no deja apreciar realmente su verdadera frondosidad. Dispersas por el suelo aún se pueden encontrar restos de castañas y de los erizos característicos que las envuelven.
Un nuevo crucero de caminos se abre ante nosotros. Un sendero, que tiene aspecto de no estar casi transitado, sale hacia la derecha prácticamente en llano, perdiéndose entre la vegetación.
4.- Nosotros tomaremos el otro sendero-camino que sale hacia la izquierda, que en subida y empedrado en algunos sitios discurre inicialmente flanqueado por sendos muros de piedra y luego prosigue abiertamente en diagonal por una empinada ladera, donde nos encontramos con un rebaño de cabras vigilado por dos nobles mastines, que únicamente nos dedicaron varios ladridos al ver que guardábamos las distancias y pasábamos de largo. Varios pequeños cabritillos, que apenas deben tener unas pocas semanas de vida, se encuentran agrupados un poco más arriba, al cuidado de una cabra más vieja.
2.- Subiendo por la ladera de la Peña el Castiellu. Abajo el valle del Turbia cubierto por la niebla.
3.- Rebaño de cabras en la ladera de la Peña el Castiellu. Abajo el valle del Trubia cubierto por la niebla.
5.- Rebaño de cabras en la ladera de la Peña el Castiellu. Abajo el valle del Trubia cubierto por la niebla.
Hacia la margen izquierda de nuestra marcha contemplamos el valle del Trubia parcialmente oculto por la niebla, que ya empieza a levantar; y comenzamos a escuchar el rumor de las aguas del río Buanga, que discurren ocultas por la densa vegetación de la encajonada riega.
5.- El sendero conduce hacia otra collada poblada de un bosquete de castaños sobre una pequeña pradera, atravesada por un muro de piedra, donde a la derecha vemos la pared rocosa de la Peña el Castiellu, donde parece ser que hubo un castillo o fortaleza (antiguo castro), del que ya no quedan ni las ruinas, pues al igual que las losas de la calzada romana que pasaba por el lugar, fueron empleadas por los lugareños con el paso de los siglos para construir las cabañas, y las “murias” de separación de prados y caleyas. La existencia del referido castillo se menciona en la Crónica de Alfonso El Emperador (cuando relata la rebelión del Conde Gonzalo Peláez, en el año 1.132 y dice “permaneció rebelde en Proaza., Buanga y Alba de Quirós, que eran castillos fortísimos”.
Aquí nos encontraremos un azulejo con el dibujo de un oso, pegado sobre una piedra, pues parece ser que no hace mucho tiempo que el ayuntamiento de Oviedo ha señalizado por esta zona una ruta de senderismo denominada “Ruta del Oso”; si bien desconocemos el itinerario del recorrido así como el punto de inicio y finalización de la misma.
6.- Desde el collado tomamos un sendero que parte hacia la izquierda con ligera bajada, y en apenas 50 metros nos lleva hasta unas ruinas. Aquí podremos ver primeramente las ruinas de una antigua casa de piedra, que por sus dimensiones, los trabajados sillares de piedra de los muros, las robustas vigas de madera cuya prolongación conformaban un amplio corredor, denotaba haber sido en su época una “gran casa”
9.- Restos de una antigua casa de piedra, ubicada a la entrada de la cascada del río Buanga.
Posiblemente hubiera estado habitada por los dueños del molino, cuyos restos se encuentran a escasos metros, y del que apenas quedan parte de los muros, y la boca de desagüe por donde salía el agua una vez realizado su cometido. Sin embargo, aún se conservan en bastante buen estado el canal que conducía el agua desde el cauce del río, una compuerta de piedra que regulaba el caudal, y el “cubo”, que era una de las partes más sólidas del molino, ya que se trataba de una especie de chimenea por donde en vertical caía el agua hacia la tobera de salida del agua a presión. Estos tres elementos aún son perfectamente visibles hoy en día.
11.- Restos del antiguo molino del río Buanga, ubicado junto a la cascada.
Por entre la vegetación ya podemos apreciar la cascada que forma el río Buanga, en su caída por una muralla rocosa que debe tener entre 10 y 12 metros de altura, y que se encajona en un estrecho valle predominando en el ambiente un denso arbolado que proporciona sombra, troncos de árboles caídos y en descomposición, musgo y humedad.
17.- Panorámica de la cascada del río Buanga.
18.- La cascada del río Buanga, vista a través de la vegetación.
19.- El río Buanga, tras salir de la cascada.
20.- Nacho al pie de la cascada del río Buanga.
22.- Panorámica de la cascada del río Buanga.
24.- Nacho al pie de la cascada del río Buanga.
29.- En la cascada del río Buanga.
31.- Panorámica de la cascada del río Buanga.
** Pinchar en el siguiente enlace para ver un clip de video de la cascada del río Buanga.
http://www.youtube.com/v/qg7oJmumJ7A
Sin ningún problema podemos acercarnos y situarnos al pie de la misma “cola” de la cascada, permitiéndonos el menguado caudal existente debido a la sequía, cruzar su cauce por prácticamente cualquier lugar, ofreciéndonos con ello mayores posibilidades a la hora de hacer las fotografías. En unas condiciones más normales lo habitual sería que el río tuviera mayor caudal de agua, la cascada fuera más grande y espectacular y no pudiéramos pasar tranquilamente de un lado a otro como hemos podido hacer en esta ocasión. Pero este inconveniente nos facilita el pode recorrer en inspeccionar cada hueco cual maravilloso paraje mágico aislado y alejado de todo rastro de civilización.
7.- Retornamos nuevamente a la collada anterior (desde donde hemos bajado hasta la cascada), y desde donde parte de su zona alta dos caminos: uno hacia la izquierda, que es más bien un sendero y por el que retornaremos posteriormente, y otro hacia la derecha que es el que tomamos, y que va bordeando un prado cercado que iremos dejando a nuestra izquierda. Por aquí nos encontramos al dueño del rebaño de cabras con el que anteriormente nos habíamos cruzado, que vive en Sama de Grado, y que en un pequeño tractor (tipo Pasquali) se dirigía a echar de comer a los dos perros que cuidaban el rebaño. Estuvimos charlando con él varios minutos y nos comentó que este invierno, varios lobos que creía que tenían su guarida en la abrupta y boscosa ladera septentrional del pico Bobia ya le habían matado por esta zona varias cabras y cabritos.
Un poco más allá encontramos otra bifurcación, dejando de lado el camino que prosigue prácticamente en llano hacia la derecha con dirección al pueblo de Perlavia, continuando por el de la izquierda que continúa en ligera bajada rodeando el amplio prado que se extiende hacia este lado.
Abandonamos el camino, que empieza a mostrar claros signos de encontrarse abandonado, ya que está prácticamente tapado por la vegetación, y atravesamos por la izquierda “prau abajo”.
8.- Desembocando nuevamente a la ribera del río Buanga, lugar donde podemos observar las ruinas de una antigua casería enclavada al pie de la ladera del pico Bobia, hoy en día abandonada, y que tenía una gran casa de “estilo asturiano”, con su corredor de madera, portalón a la entrada y cuadras; y al otro lado del río una sólida “panera”, aún en pie y en muy buen estado de conservación, posiblemente utilizada todavía hoy en día como cuadra o similar.
33.- Nacho junto a la panera de la antigua casería de Buanga.
35.- Panera de la antigua casería de Buanga, y por detrás las estribaciones del pico Bobia.
36.- Nacho ante las ruinas de la antigua casería de Buanga.
Tomamos un sendero que sigue hacia abajo el curso del río y nos conduce, por la parte alta de la cascada hacia la collada anteriormente reseñada que se constituía en crucero de caminos y desde donde accedimos al pie de la cascada.
Desde aquí por el camino ya conocido retornamos nuevamente hasta la primera collada que nos habíamos encontrado en el trayecto de subida desde la carretera, y donde tomamos la “caleya” que habíamos mencionado se bifurcaba hacia la derecha (ahora según bajamos la tomamos hacia la izquierda), pasando por delante de una cabaña; llegando a continuación a un pequeño cruce donde sale hacia la izquierda otro camino, y donde hay en la margen derecha una portilla metálica de acceso a una casa habitada. En este lugar se ubica un amplio panel informativo de la ruta que ya habíamos mencionado que el ayuntamiento había señalizado y denominado “Ruta del Oso”.
38.- Panel informativo de la “Ruta del Osu”, señalizada hace pocos meses por el Ayuntamiento de Oviedo.
El camino, convertido en pista de hormigón, nos baja directamente a San Andrés y a la carretera AS-228 del valle del Trubia, por donde alcanzamos el lugar donde habíamos dejado el coche estacionado.


